Prefiero mil veces la música y el arte que las bombas de mierda. Estas bombas nacen del odio y la arrechera que da que los malditos esbirros estén atacando y matando manifestantes, y por tener ese origen sólo pueden generar más odio (además de asco, claro está). Ahora, si ya los esbirros tienen un nivel de odio sorprendente, imagínense cómo podrían llegar a comportarse si sienten deseos de vengarse porque les echaron mierda encima. También recuerden que los esbirros tienen rehenes, y justamente esos presos políticos podrían sufrir las consecuencias de cualquier acción violenta que se haga en las protestas (el hecho de que las bombas no sean letales no implica que no sean violentas).
La música en vivo (violines, cuatros, maracas, tambores) como arma de resistencia es subestimada porque sus efectos sobre los esbirros son poco perceptibles a corto plazo, pero son innegables sus efectos sobre la moral de los manifestantes, la resistencia, los opositores y hasta algunos de esos militares que están obedeciendo órdenes a regañadientes. La música es un llamado a la humanidad de los esbirros; a éstos es más probable que les dé remordimiento atacar a músicos que a gente que les está tirando frasquitos de mierda o molotovs. Y claro, algunos ya habrán perdido esa humanidad, como lo han demostrado en estos últimos días, pero aunque no lo parezca, los milicos están fragmentados; todavía quedan humanos en esas filas, no me cabe duda, y tengo esperanza de que en algún momento despertarán.
El arte y la iconoclasia son otras armas muy poderosas; creo que es muy productivo cambiar/borrar/tumbar fotos, imágenes, murales, esculturas, letreros, propagandas que contengan símbolos de la dictadura (las caras/nombres de Chávez, Maduro, o cualquier otro narcopolítico, cualquier alusión a la ique "revolución"). ¿Quién de ustedes no se emocionó cuando los estudiantes de bachillerato tumbaron la estatua de Chávez en Zulia? La dictadura ha utilizado la masificación de las imágenes del chavismo/madurismo para "marcar territorio", es decir, alterar la identidad de los espacios y hacer creer que ciertos espacios son "suyos". Eliminar estos símbolos y cambiarlos por otros que signifiquen descontento, cambio o unión dan un mensaje claro a quienes viven ahí y a quienes pasan por ahí de que somos mayoría, de que no hay que tener miedo y que ya es hora del cambio. Estas prácticas las utilizaron mucho las brigadas de resistencia contra Pinochet; día a día hacían operaciones comando para pintar murales de resistencia en tiempos récord, y cuando la dictadura los pintaba de negro, volvían al día siguiente o cuando pudieran para volverlos a pintar. Estas brigadas ayudaron a darle esperanzas y moral a la gente y le hizo entender a los militares que la mayoría estaba en contra de Pinochet. Como dijo Tralma, de la Brigada Ramona Parra en Chile: "Era una dictadura poderosa y brutal. ¿Qué es lo que hacíamos nosotros? Teníamos tarros con pinturas y brochas contra metralletas de los milicos”.
Yo no soy quién para decirle a la gente qué hacer ni cómo debe resistir; cada quien actúa como su corazón y su razón les dicta, aunque la violencia y la represión a los niveles que existen en el país nublan la razón y ponen gríngolas al corazón. Éstas son sólo humildes opiniones y sugerencias de alguien que en corazón y espíritu ha estado sumergido en la resistencia. Hay que tener en cuenta que la manera en que salgamos de esta dictadura determinará el futuro gentilicio venezolano, y en gran parte forjará los valores que tendrá nuestra nueva República. Espero que esos cimientos que logren acabar con la violencia, la represión y la narcodictadura estén fundados sobre la cultura, la razón, la justicia, el arte y la esperanza, y no sobre el ojo por ojo y sangre, fuego y mierda.
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martes, 9 de mayo de 2017
Sobre las nuevas "armas" creativas de las protestas
miércoles, 29 de julio de 2015
Los grafitis y la ciudad (I)
El martes 7 de
julio de 2015 hubo una sesión de Foro CCS en el Teatro de Chacao, a la que
asistió Larry Black de McDonough Architects para presentar el concepto de
desarrollo Cradle to Cradle, que apunta hacia reducir el consumo de recursos no
renovables y alcanzar un nivel de producción en el que no haya desechos. El
evento fue presentado por Ramón Muchacho, alcalde del municipio Chacao de
Caracas, quien abrió el foro anunciando que, luego conversar con Black, decidió
emprender una cruzada para eliminar la basura de las calles y borrar los
grafitis de las paredes del municipio, ya que estos desmoralizan y dan la
impresión de que la gente puede hacer lo que quiera, que no hay ley ni
autoridades que hagan respetar la ley.
No existe duda
alguna sobre la importancia de limpiar la basura de las calles, pero muchos se
alarmaron ante la declaración de querer eliminar los grafitis, ya que el
municipio Chacao ha sido pionero en la integración del grafiti como arte
urbano, al autorizar pintadas en ciertas zonas y facilitar el diálogo entre
dueños de negocios y artistas. ¿Acaso la declaración del alcalde de querer
“convertir a Chacao en el primer municipio libre de grafitis del país” sería
dar pasos atrás y echar por la borda el terreno ganado en materia de cultura
urbana?
Para entender el
razonamiento de Black al sugerirle a Muchacho que elimine los grafitis y la
basura de las calles, hay que conocer las bases científicas de esta
recomendación. En 1982, Wilson y Kelling publicaron un artículo en el que
acuñaron la “teoría de las ventanas rotas”. Esta teoría dicta que en un
vecindario con una ventana rota, hay más probabilidades de que alguien rompa
otras ventanas que en un vecindario en el que no hay ventanas rotas (1). La
teoría va incluso más allá, y afirma que cualquier signo de falta de
mantenimiento puede transmitir el mensaje (muy probablemente equivocado) de que
“a nadie le importa”, y puede inducir a algunas personas a tomar un
comportamiento irrespetuoso hacia las leyes o normas sociales, vandálico y en
ciertos casos hasta delictivo.
Keizer,
Lindenberg y Steg de la Universidad de Groningen, Holanda, publicaron un
artículo titulado “The Spreading of Disorder” (la difusión del desorden) en el
que cuestionan la vinculación entre el mantenimiento y limpieza de la ciudad (como
dicta la teoría de las ventanas rotas) y los ciudadanos actuando de manera
indebida. Es por eso que se propusieron la realización de algunos experimentos,
cuyos resultados demuestran que los actos o manifestaciones de rebeldía ante
las autoridades o la ley (como por ejemplo, los grafitis) incentivan a las
personas a rebelarse también, y hacer lo que les plazca en lugar de hacer “lo
correcto” (2). Así, los ciudadanos tendrán mayor tendencia a romper los
consensos sociales e irrespetar la ley en su propio campo de acción: tirar un
papel al piso, caminar por donde le es prohibido, o incluso apropiarse de lo
ajeno. El desorden se riega.
La teoría de las
ventanas rotas ha constituido una base clave para el desarrollo de planes de
acción de muchos alcaldes alrededor del mundo. Entre ellos destaca Rudy
Giuliani, quien le dio un vuelco a la ciudad de Nueva York entre 1994 y 2001
con su política de “tolerancia cero”. Pero hubo otro en Canadá que hizo lo
mismo que Ramón Muchacho hizo a principios de julio: declararle abiertamente la
guerra al grafiti.
En 2011, el
entonces alcalde de Toronto, Rob Ford, lanzó una ordenanza municipal a través
de la cual se prohíbe todo tipo de grafiti vandálico y además responsabiliza a
los propietarios de mantener las paredes limpias. Esta ordenanza fue muy
controversial por dos razones: en primer lugar, aunque por un lado se atacó el
problema de frente y se eliminó una cantidad importante de grafitis en la
ciudad, por el otro, muchos grafiteros vieron esta campaña rimbombante de “guerra
contra el grafiti” como un reto, y en retaliación hicieron más y más grafitis.
Como resultado, sólo se redujo la incidencia de grafitis marginalmente (3% menos
de propiedades con grafitis) (3). La otra gran controversia es que la ordenanza
responsabiliza (y hasta culpabiliza) al propietario, quien además de haber
sufrido un acto vandálico, debe pagar para limpiar su pared. El nuevo alcalde
de Toronto, John Tory, prometió revisar esto, justamente para evitar
re-victimizar a las víctimas del vandalismo.
Lo interesante de
esta ordenanza es que hace una diferenciación entre grafitis vandálicos y
grafitis artísticos. Entre los vandálicos se encuentran los “tags” y los mensajes
o contenidos ofensivos. Los artísticos se refieren principalmente a los murales
y obras realizadas con autorización del propietario y del “panel de
especialistas en grafitis”, una entidad municipal encargada de evaluar casos en
los que el propietario desea mantener el grafiti. Esto despertó también un
auge de creación de murales, gran parte de ellos auspiciados bajo el programa
StreetARToronto (StART), que reúne a artistas, propietarios y autoridades para
crear murales legales en zonas designadas. A través de su sitio web, los
propietarios pueden ponerse en contacto directamente con artistas e invitarlos
a hacer una propuesta artística para su fachada. Los resultados han sido obras
sorprendentes, pues es una situación “win-win” para artistas, que tienen un
lugar para expresarse legalmente, y para propietarios, que disfrutan de sus
fachadas transformadas en obras. La alcaldía de Toronto no sólo invierte en la
eliminación de los grafitis que generan un impacto negativo, sino que además
invierte en la creación de grafitis que tienen un impacto positivo en la
comunidad, que embellecen y además promueven el turismo.
Volviendo al
municipio Chacao de Caracas, es justo cuestionarse sobre el modus operandi de
la “cruzada contra el grafiti”. Poco sabemos sobre las acciones que se tomarán
y la forma en que se desarrollará el plan de remoción de grafitis, pues desde
la alcaldía no se ha hecho seguimiento a esta declaración. Un concejal de
Toronto, Adam Vaughan, declaró que la campaña anti-grafitis hubiera tenido más
impacto si se hubieran eliminado los grafitis con la misma discreción con la
que los grafiteros pintan sobre las paredes, pues se hubieran evitado las
retaliaciones por parte de grafiteros rebeldes e indignados. ¿Será por esto que no se ha
vuelto a mencionar el tema en la alcaldía de Chacao? También, sabemos que en el
municipio ha habido iniciativas pro-grafiti como el Red Bull High Spray de 2008,
las actividades de grafiti durante los eventos “Por el medio de la calle”, y el
plan “Chacao Brilla” en 2012. ¿Se formalizará el financiamiento de este tipo de
actividades al tiempo que se invierte en la remoción de grafitis ilegales?
¿Cuánto dinero se invertirá en la “cruzada contra el grafiti”? Podemos
sentarnos a esperar a que la alcaldía responda a esas preguntas, o hacérselas
directamente a través de los medios de contacto disponibles. Por último, hay
otra pregunta que podemos plantear, no solo a la alcaldía, sino a quienes hacen
vida en Chacao: ¿es esto realmente una prioridad en el municipio?
(1) WILSON, James Q., y George L. Kelling. "Broken Windows". The Atlantic. Publicado en marzo 1982. http://www.lantm.lth.se/fileadmin/fastighetsvetenskap/utbildning/Fastighetsvaerderingssystem/BrokenWindowTheory.pdf
(2) KEIZER, Kees et al. "The Spreading of Disorder". Science 322, 1681. Publicado en diciembre 2008. http://www.influenceatwork.com/wp-content/uploads/2012/02/BrokenWindowsArticle.pdf
(3) PEAT, Don. "City in never-ending struggle with graffiti". Toronto Sun. Publicado en marzo 2015. http://www.torontosun.com/2015/03/22/city-in-never-ending-struggle-with-graffiti
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