miércoles, 20 de mayo de 2015

El país como un hospital

Al ser parte de un país, podemos percibir cuando las cosas están mal. Sabemos que la economía anda mal porque el sueldo cada vez nos alcanza menos para vivir. Sabemos que la Justicia va mal porque hay muchas personas en prisión que no han pasado por juicio, y muchas personas que deberían ser enjuiciadas que gozan de plena libertad y cargos importantes en el gobierno. Sabemos que la seguridad está mal porque hemos sido víctima de crímenes a mano armada, y/o conocemos personas que lo han sido. Sabemos que los valores están mal cuando una persona con educación universitaria se queda el teléfono que encontró en el baño del restaurant, en lugar de intentar dar con su propietario.

Si el país fuese un paciente en un hospital, es como si tuviese dolor de garganta, dolor de ojos, un sarpullido en la piel,  tobillo fracturado, una infección en el pulmón y una contusión cerebral. Es decir, podemos identificar claramente muchos de los problemas, pero necesitamos a un especialista para resolver cada uno; no existe una persona que pueda dar solución a todo. También sabemos que una aspirina no va a ser de gran ayuda para resolver todas esas dolencias, y sospechamos que pudiera haber más problemas, sólo que no han manifestado síntomas por los momentos.

Para hacer la analogía más realista, digamos que vamos al hospital con todas esas dolencias, pero no hay médicos especialistas, o los especialistas son claramente unos incompetentes que nos recetan aspirina para solucionar todos los males. Tampoco hay materiales, aunque sabemos que el hospital cuenta con ingresos sólidos y estables. ¿Qué hacemos, entonces? Aquí unas sugerencias:

1) Si los especialistas no son competentes, y hacen constantemente mala praxis, eso hay que denunciarlo pública y abiertamente; esas personas no pueden tener licencia para trabajar en un hospital y su renuncia debe ser exigida.

2) Si está entrando mucho dinero al hospital, pero faltan materiales y los pacientes no son atendidos y sanados de forma debida, estamos ante un caso flagrante de corrupción. Esto también debe ser denunciado y se deben hacer las investigaciones apropiadas al respecto.

3) Tal vez no estamos en capacidad de sanar todas esas dolencias sin la atención de especialistas médicos, pero al menos conocemos algunas soluciones que sí pudieran ayudar; por ejemplo, tomar té con miel y limón podría ayudar a sanar el dolor de garganta, e inmovilizar el tobillo podría evitar que la fractura empeore (y disminuiría el dolor) hasta que aparezca un  especialista que pueda atenderla. Es decir: no necesitamos estudiar la carrera entera de medicina y especializarnos para emprender alguna acción que va a ayudarnos a sanar nuestras dolencias, en esta situación tan extrema.

La situación en el país se parece mucho a la de ese hospital: tenemos una cantidad de problemas, unos “especialistas” incompetentes que más que solucionar los problemas los han agravado, y esto a pesar de que existe un flujo constante de ingresos a raíz de la exportación. Tal como se menciona arriba, propongo exigir la renuncia de estos especialistas que constantemente hacen mala praxis al gobernar, investigar la corrupción que reina, y aportar nuestras propias soluciones a los problemas, aunque por naturaleza no nos corresponda. Tal vez no somos especialistas, pero nuestros aportes podrían ser clave, porque nosotros conocemos los síntomas, y los vivimos a diario. Yo no soy especialista, ni conozco la solución absoluta a nuestros problemas, pero en tiempos de emergencia como los que vivimos, no podemos ser perfeccionistas. Sin embargo, algo que no podemos sacrificar es nuestra intención de hacer lo correcto, lo justo. Yo hago lo propio escribiendo estas líneas que, aunque distan de ser perfectas, más que un desahogo buscan ser un aporte para que como habitantes de un país entremos en razón y nos hagamos respetar como ciudadanos.

Y tú, ¿estás de acuerdo con esas tres acciones propuestas? ¿O qué propones?




sábado, 9 de mayo de 2015

Introducción: cómo salvar un país

Hola,

me llamo Javier Otero Peña, y quiero salvar mi país, Venezuela. Es por eso que me propuse crear una recopilación de ideas y propuestas que puedan ayudarnos a entender cómo lograrlo. Nótese que el nombre de este blog es así, cómo salvar un país, sin signos de interrogación, porque la idea no es plantearnos las preguntas que todos nos hacemos y los problemas que todos conocemos, sino enfocarnos más bien en las soluciones  a estos problemas, intentando seguir en la medida de lo posible un enfoque simplificado, fácil de entender por cualquier persona, independientemente de su nivel educativo o sus conocimientos técnicos en los temas que se presentarán en este Blog.

Decidí llamarlo cómo salvar un país en lugar de cómo salvar Venezuela porque, aunque me estaré concentrando en mi país para la mayoría de los aspectos abordados, espero poder identificar soluciones a problemas comunes que tenemos en nuestra Latinoamérica. Asimismo, muchos de los problemas que tenemos en Venezuela ya han sido resueltos en otros países de nuestro continente, por lo que considero importante tener un repositorio de estas experiencias y mejores prácticas, para que podamos tenerlas a mano como ciudadanos, y exigir a los legisladores y funcionarios de turno que busquen soluciones similares.

Intentaré publicar artículos periódicamente. Los invito a participar con sus aportes, ideas e opiniones en la sección de comentarios de cada artículo, pero por favor: mantengamos siempre el respeto hacia los demás, indistintamente de su manera de pensar o su posición política.

Espero que este Blog pueda aportar soluciones concretas y que podamos acercarnos a tener los países que merecemos en nuestra Latinoamérica.

Saludos, y bienvenidos.