miércoles, 29 de julio de 2015

Los grafitis y la ciudad (I)

El martes 7 de julio de 2015 hubo una sesión de Foro CCS en el Teatro de Chacao, a la que asistió Larry Black de McDonough Architects para presentar el concepto de desarrollo Cradle to Cradle, que apunta hacia reducir el consumo de recursos no renovables y alcanzar un nivel de producción en el que no haya desechos. El evento fue presentado por Ramón Muchacho, alcalde del municipio Chacao de Caracas, quien abrió el foro anunciando que, luego conversar con Black, decidió emprender una cruzada para eliminar la basura de las calles y borrar los grafitis de las paredes del municipio, ya que estos desmoralizan y dan la impresión de que la gente puede hacer lo que quiera, que no hay ley ni autoridades que hagan respetar la ley.

No existe duda alguna sobre la importancia de limpiar la basura de las calles, pero muchos se alarmaron ante la declaración de querer eliminar los grafitis, ya que el municipio Chacao ha sido pionero en la integración del grafiti como arte urbano, al autorizar pintadas en ciertas zonas y facilitar el diálogo entre dueños de negocios y artistas. ¿Acaso la declaración del alcalde de querer “convertir a Chacao en el primer municipio libre de grafitis del país” sería dar pasos atrás y echar por la borda el terreno ganado en materia de cultura urbana?

Para entender el razonamiento de Black al sugerirle a Muchacho que elimine los grafitis y la basura de las calles, hay que conocer las bases científicas de esta recomendación. En 1982, Wilson y Kelling publicaron un artículo en el que acuñaron la “teoría de las ventanas rotas”. Esta teoría dicta que en un vecindario con una ventana rota, hay más probabilidades de que alguien rompa otras ventanas que en un vecindario en el que no hay ventanas rotas (1). La teoría va incluso más allá, y afirma que cualquier signo de falta de mantenimiento puede transmitir el mensaje (muy probablemente equivocado) de que “a nadie le importa”, y puede inducir a algunas personas a tomar un comportamiento irrespetuoso hacia las leyes o normas sociales, vandálico y en ciertos casos hasta delictivo.

Keizer, Lindenberg y Steg de la Universidad de Groningen, Holanda, publicaron un artículo titulado “The Spreading of Disorder” (la difusión del desorden) en el que cuestionan la vinculación entre el mantenimiento y limpieza de la ciudad (como dicta la teoría de las ventanas rotas) y los ciudadanos actuando de manera indebida. Es por eso que se propusieron la realización de algunos experimentos, cuyos resultados demuestran que los actos o manifestaciones de rebeldía ante las autoridades o la ley (como por ejemplo, los grafitis) incentivan a las personas a rebelarse también, y hacer lo que les plazca en lugar de hacer “lo correcto” (2). Así, los ciudadanos tendrán mayor tendencia a romper los consensos sociales e irrespetar la ley en su propio campo de acción: tirar un papel al piso, caminar por donde le es prohibido, o incluso apropiarse de lo ajeno. El desorden se riega.

La teoría de las ventanas rotas ha constituido una base clave para el desarrollo de planes de acción de muchos alcaldes alrededor del mundo. Entre ellos destaca Rudy Giuliani, quien le dio un vuelco a la ciudad de Nueva York entre 1994 y 2001 con su política de “tolerancia cero”. Pero hubo otro en Canadá que hizo lo mismo que Ramón Muchacho hizo a principios de julio: declararle abiertamente la guerra al grafiti.

En 2011, el entonces alcalde de Toronto, Rob Ford, lanzó una ordenanza municipal a través de la cual se prohíbe todo tipo de grafiti vandálico y además responsabiliza a los propietarios de mantener las paredes limpias. Esta ordenanza fue muy controversial por dos razones: en primer lugar, aunque por un lado se atacó el problema de frente y se eliminó una cantidad importante de grafitis en la ciudad, por el otro, muchos grafiteros vieron esta campaña rimbombante de “guerra contra el grafiti” como un reto, y en retaliación hicieron más y más grafitis. Como resultado, sólo se redujo la incidencia de grafitis marginalmente (3% menos de propiedades con grafitis) (3). La otra gran controversia es que la ordenanza responsabiliza (y hasta culpabiliza) al propietario, quien además de haber sufrido un acto vandálico, debe pagar para limpiar su pared. El nuevo alcalde de Toronto, John Tory, prometió revisar esto, justamente para evitar re-victimizar a las víctimas del vandalismo.

Lo interesante de esta ordenanza es que hace una diferenciación entre grafitis vandálicos y grafitis artísticos. Entre los vandálicos se encuentran los “tags” y los mensajes o contenidos ofensivos. Los artísticos se refieren principalmente a los murales y obras realizadas con autorización del propietario y del “panel de especialistas en grafitis”, una entidad municipal encargada de evaluar casos en los que el propietario desea mantener el grafiti. Esto despertó también un auge de creación de murales, gran parte de ellos auspiciados bajo el programa StreetARToronto (StART), que reúne a artistas, propietarios y autoridades para crear murales legales en zonas designadas. A través de su sitio web, los propietarios pueden ponerse en contacto directamente con artistas e invitarlos a hacer una propuesta artística para su fachada. Los resultados han sido obras sorprendentes, pues es una situación “win-win” para artistas, que tienen un lugar para expresarse legalmente, y para propietarios, que disfrutan de sus fachadas transformadas en obras. La alcaldía de Toronto no sólo invierte en la eliminación de los grafitis que generan un impacto negativo, sino que además invierte en la creación de grafitis que tienen un impacto positivo en la comunidad, que embellecen y además promueven el turismo.

Volviendo al municipio Chacao de Caracas, es justo cuestionarse sobre el modus operandi de la “cruzada contra el grafiti”. Poco sabemos sobre las acciones que se tomarán y la forma en que se desarrollará el plan de remoción de grafitis, pues desde la alcaldía no se ha hecho seguimiento a esta declaración. Un concejal de Toronto, Adam Vaughan, declaró que la campaña anti-grafitis hubiera tenido más impacto si se hubieran eliminado los grafitis con la misma discreción con la que los grafiteros pintan sobre las paredes, pues se hubieran evitado las retaliaciones por parte de grafiteros rebeldes e indignados. ¿Será por esto que no se ha vuelto a mencionar el tema en la alcaldía de Chacao? También, sabemos que en el municipio ha habido iniciativas pro-grafiti como el Red Bull High Spray de 2008, las actividades de grafiti durante los eventos “Por el medio de la calle”, y el plan “Chacao Brilla” en 2012. ¿Se formalizará el financiamiento de este tipo de actividades al tiempo que se invierte en la remoción de grafitis ilegales? ¿Cuánto dinero se invertirá en la “cruzada contra el grafiti”? Podemos sentarnos a esperar a que la alcaldía responda a esas preguntas, o hacérselas directamente a través de los medios de contacto disponibles. Por último, hay otra pregunta que podemos plantear, no solo a la alcaldía, sino a quienes hacen vida en Chacao: ¿es esto realmente una prioridad en el municipio?




(1) WILSON, James Q., y George L. Kelling. "Broken Windows". The Atlantic. Publicado en marzo 1982. http://www.lantm.lth.se/fileadmin/fastighetsvetenskap/utbildning/Fastighetsvaerderingssystem/BrokenWindowTheory.pdf

(2) KEIZER, Kees et al. "The Spreading of Disorder". Science 322, 1681. Publicado en diciembre 2008. http://www.influenceatwork.com/wp-content/uploads/2012/02/BrokenWindowsArticle.pdf

(3) PEAT, Don. "City in never-ending struggle with graffiti". Toronto Sun. Publicado en marzo 2015. http://www.torontosun.com/2015/03/22/city-in-never-ending-struggle-with-graffiti