martes, 9 de mayo de 2017

Sobre las nuevas "armas" creativas de las protestas

Prefiero mil veces la música y el arte que las bombas de mierda. Estas bombas nacen del odio y la arrechera que da que los malditos esbirros estén atacando y matando manifestantes, y por tener ese origen sólo pueden generar más odio (además de asco, claro está). Ahora, si ya los esbirros tienen un nivel de odio sorprendente, imagínense cómo podrían llegar a comportarse si sienten deseos de vengarse porque les echaron mierda encima. También recuerden que los esbirros tienen rehenes, y justamente esos presos políticos podrían sufrir las consecuencias de cualquier acción violenta que se haga en las protestas (el hecho de que las bombas no sean letales no implica que no sean violentas).

La música en vivo (violines, cuatros, maracas, tambores) como arma de resistencia es subestimada porque sus efectos sobre los esbirros son poco perceptibles a corto plazo, pero son innegables sus efectos sobre la moral de los manifestantes, la resistencia, los opositores y hasta algunos de esos militares que están obedeciendo órdenes a regañadientes. La música es un llamado a la humanidad de los esbirros; a éstos es más probable que les dé remordimiento atacar a músicos que a gente que les está tirando frasquitos de mierda o molotovs. Y claro, algunos ya habrán perdido esa humanidad, como lo han demostrado en estos últimos días, pero aunque no lo parezca, los milicos están fragmentados; todavía quedan humanos en esas filas, no me cabe duda, y tengo esperanza de que en algún momento despertarán.

El arte y la iconoclasia son otras armas muy poderosas; creo que es muy productivo cambiar/borrar/tumbar fotos, imágenes, murales, esculturas, letreros, propagandas que contengan símbolos de la dictadura (las caras/nombres de Chávez, Maduro, o cualquier otro narcopolítico, cualquier alusión a la ique "revolución"). ¿Quién de ustedes no se emocionó cuando los estudiantes de bachillerato tumbaron la estatua de Chávez en Zulia? La dictadura ha utilizado la masificación de las imágenes del chavismo/madurismo para "marcar territorio", es decir, alterar la identidad de los espacios y hacer creer que ciertos espacios son "suyos". Eliminar estos símbolos y cambiarlos por otros que signifiquen descontento, cambio o unión dan un mensaje claro a quienes viven ahí y a quienes pasan por ahí de que somos mayoría, de que no hay que tener miedo y que ya es hora del cambio. Estas prácticas las utilizaron mucho las brigadas de resistencia contra Pinochet; día a día hacían operaciones comando para pintar murales de resistencia en tiempos récord, y cuando la dictadura los pintaba de negro, volvían al día siguiente o cuando pudieran para volverlos a pintar. Estas brigadas ayudaron a darle esperanzas y moral a la gente y le hizo entender a los militares que la mayoría estaba en contra de Pinochet. Como dijo Tralma, de la Brigada Ramona Parra en Chile: "Era una dictadura poderosa y brutal. ¿Qué es lo que hacíamos nosotros? Teníamos tarros con pinturas y brochas contra metralletas de los milicos”.

Yo no soy quién para decirle a la gente qué hacer ni cómo debe resistir; cada quien actúa como su corazón y su razón les dicta, aunque la violencia y la represión a los niveles que existen en el país nublan la razón y ponen gríngolas al corazón. Éstas son sólo humildes opiniones y sugerencias de alguien que en corazón y espíritu ha estado sumergido en la resistencia. Hay que tener en cuenta que la manera en que salgamos de esta dictadura determinará el futuro gentilicio venezolano, y en gran parte forjará los valores que tendrá nuestra nueva República. Espero que esos cimientos que logren acabar con la violencia, la represión y la narcodictadura estén fundados sobre la cultura, la razón, la justicia, el arte y la esperanza, y no sobre el ojo por ojo y sangre, fuego y mierda.